Las letras y las cosas

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    El bicho (relato)

    -¡Papaaaaá! ¡Papaaaaá!
    Ya estamos otra vez con gritos y más gritos.
    -¿Qué queréis ahora?
    -¡Corre, papá, ven al salón que hay un bicho en la alfombra!
    Y allá voy. Papá al rescate, la solución de la tarde. Cuando entro en el salón no veo nada.
    -¿Dónde está el bicho, queridas mías?
    -Ahí -gritan otra vez- en la alfombra, es grandísimo ¿no lo ves?
    Me adentro un poco en la habitación por si acaso la terrible criatura quedaba oculta en un ángulo muerto.
    -Que no veo nada. Anda, seguid jugando y dejadme un ratito tranquilo que estoy terminando una nota para el blog.
    -Pero papá, si está ahí. Es verde y con las patas largas ¡Es enorme!.
    Vuelvo a mirar y sigo sin ver nada de especial.
    -Que ahí no hay nada, niña.

    Justo en ese momento siento como si un acero al rojo me atravesase el muslo de parte a parte. Miro hacia abajo, pero no veo nada. Acerco mis manos a la zona dolorida y palpo una superficie rugosa, como de concha, que se mueve al notar mi mano sobre ella. También veo brotar sangre de la zona lastimada. Es un buen caño, si no hago algo creo que me desangraré. El dolor se multiplica y mis hijas continúan gritando, aterrorizadas, histéricas. No soy capaz de pensar con lucidez ni de reaccionar; tan sólo se me ocurre decirles:
    -Ya os dije que no jugarais con el saltamontes, que igual se cabreaba.

    Mientras las riño, me dejo caer sobre el suelo, abandonándome a mi suerte. Sé que el dolor no se reducirá al muslo, sino que se extenderá cuando el bicho que no veo me muerda en otros lugares de mi cuerpo. Pienso que ya sólo me cabe esperar que el torrente de sangre sea lo suficientemente abundante como para entrar en un profundo sueño. Siento que me paralizo y que el bicho comienza a devorarme. Luchar con el animal es inútil porque no lo veo, porque para mí sólo existen sus efectos devastadores.

    Mis hijas gritan y lloran y corren de un lugar a otro de la casa buscando una ayuda que no van a encontrar, y yo no puedo hacer ya nada salvo dejarme morir.

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