Las letras y las cosas

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    La profundidad de los raíles (relato)

    Sentado en el columpio del porche en qué piensa Atticus. Lentamente ha extendido su brazo derecho y lo hace descansar sobre el respaldo del asiento. Ya ha caído la noche de otra día más, de otro verano lento, cálido. Fija su mirada en el árbol hueco de la calle -¿En qué piensas, Atticus?-. No fuma, no hace nada, solamente parece dejar pasar el tiempo.

    Atticus trabaja desde temprano y vuelve a casa roto para comenzar la verdadera batalla de cada día. Soledad entre los juegos infantiles -¿realmente va contigo esta guerra, Atticus?-. Supongo que cada noche se sienta en el columpio en la misma postura y piensa que mañana no volverá del trabajo, que al salir del despacho caminará por la calle mayor pero no girará a la izquierda como cada día, sino que continuará caminando en línea recta hasta llegar a la estación -¿hay estación de tren en tu pueblo, Atticus?-. Allí, el jefe de estación le saludará -"Buenas noches, señor Finch"- y quizás le agradezca lo que un día hizo por él y su familia. En el columpio de su porche, esta noche, Atticus se imagina sentado en la misma postura en el banco del andén mirando la profundidad de los raíles. Casi puede oir el ritmo metálico del ferrocarril de la tarde acercándose.

    Pero hoy Atticus no siguió caminando, volvió a casa como siempre y saludó a la vieja vecina medio loca, como siempre, sus hijos explotaron un instante al verle y en seguida volvieron a sus juegos en torno al árbol hueco, como siempre. Al anochecer, la cena, los ritos repetidos -¿leerás a tu hija un cuento, verdad, Atticus?- y el sueño y la noche y sólo la soledad al marcharse Calpurnia a estrellarse con su otra vida pensando en que tampoco hoy el señor Finch la había invitado a sentarse un momento en el columpio del porche.

    Sentado al aire de la noche mira el árbol hueco y piensa que mañana irá a la estación, que subirá al tren y que llegará al final de la profundidad de los raíles. Silencio. Todos. El señor Atticus Finch se marcha.

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