Las letras y las cosas

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    Ladran, luego cabalgamos


    El pasado miércoles, Antonio Burgos dedicó su Recuadro del ABC a los blogs.


    - ¡Oye, qué moderno este hombre!


    Déjame terminar, caramba, que no sólo es importante que hablen de las bitácoras, sino cómo se hable de las mismas. Os pego unas citas del artículo para que nos vayamos entendiendo:



    ¿Qué significa blog? Bitácora, creo. Se cuelga en Internet. Un blog es lo menos que se despacha en web. Un señor lo coloca para poner lo que se le ocurre, y para que, a su vez, los que lo lean añadan sus comentarios a calzón quitado.



    - Vamos, como las paredes de los retretes antiguos de la estación de Utrera, pero en Internet...



    Más o menos. Pero las pintarraqueadas paredes de los excusados de la estación de Utrera eran un manual de respeto y cortesía al lado de los blogs.



    Nunca se me habría ocurrido comparar un weblog con las paredes de un retrete, pero es que la capacidad para el tropo de ciertos periodistas me sorprende casi a diario. Supongo que la razón de ser de la comparación reside en los retretes o blogs que uno frecuente, claro, y sobre todo en convertir en máxima general aquello que uno frecuenta, negando la existencia de otros retretes/blogs. No sé, se me ocurre que quizás don Antonio (Burgos) debiera revisar su carpeta de marcadores, por el aquel de la pintadas escatológicas, digo.



    Ahora entras en los blogs y no sabes lo que te puedes encontrar. Pueden robarle a cualquiera la fama, el honor, la credibilidad. La verdad mismo, es desvalijada a cada momento. Nadie sabe con qué intenciones.



    Se pone apocalíptica la cosa. Los blogs son para Burgos algo similar a la sierra bandoril, territorio del todo vale. No digo que no le falte parte de razón, porque todos sabemos de los peligros que acechan tras la pantalla de nuestros ordenadores, pero no creo que dichos peligros sean exclusivos de la comunicación electrónica. Pensemos, por ejemplo, en Mein kampf, o en cierto tipo de cine, de televisión, de videojuegos, de literatura... de personas, en definitiva. Antonio Burgos, en su texto, identifica, sin ningún espacio para la diferencia, las bitácoras con valores que podríamos llamar antisociales y eso nos deja a los que pensamos que la comunicación electrónica puede ser una útil herramienta educativa, formativa, en una situación poco airosa. Ahora, no sólo tendremos que explicar qué es un bog, sino convencer a nuestra audiencia de que no todos pintamos en los retretes.


    En el fondo, creo que bajo el artículo de Antonio Burgos subyace una especie de miedo a la expresión libre, un deseo de controlarlo todo, de que nada se salga de un provisional y artificial remanso de paz: ojos que no ven, corazón que no siente. El problema, entiendo, no es tanto que se pinte en los retretes, sino, por encima de eso, que exista el deseo de hacerlo. El problema, también, es darse cuenta de que, aunque haya quien pinte en esos retretes virtuales, no por eso todo el que coja un tren en la estación tiene que dedicarse al graffitti.


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