Las letras y las cosas

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    Tarde

    La culpa fue de la línea de sombra que partía de través la pared encalada y supongo que algo también tendría que ver el calor de la media tarde. La diagonal de luz y oscuridad atraía su mirada hacia ella, capturaba el pensamiento y lo esclavizaba de tal manera que lo único posible en ese instante era volcarse sobre la balconada y dejarse vencer. No corrían tiempos de heroicidades y la línea de sombra y la balconada eran demasiado atractivas. La derrota era, sin duda, su mejor opción vistas las circunstancias.

    Su cuerpo cayó al vacío, despacito, y mientras comenzaba la caída, sintió el roce de la baranda sobre su vientre. Todavía no se ha podido saber por qué, pero fue justo en ese instante que deseó con todas su fuerzas no haberse visto atraído por la línea de luz ni haber oído la llamada de la derrota. Se arrepintió, y mientras su cuerpo bajaba, el arrepentimiento se hizo rabia, y después tristeza, tan sólo tristeza, enorme tristeza.

    Algunos de los testigos afirman que justo antes de que el cuerpo se estrellara contra el pavimento, vieron como de sus ojos fluían gotas de un líquido rosado -lágrimas, las llamaron- que terminaron por inhundar la calle de nostalgia. Otros creyeron ver que el cuerpo quedaba como suspendido en el aire, que no terminaba nunca de bajar, como si no quisiera destrozarse en el pavimento. Me dijeron que luchaba por trepar el aire, por devolverse a la balconada. Pero la mayoría de los presentes solamente cuentan que lo vieron romperse como cristal, y lloraron con el estrépito de los huesos quebrados, y todo fue tristeza y la línea de sombra sobre la pared encalada contemplaba el cadáver y se retiraba, poquito a poco, como queriendo marcharse sin ser vista.

    2003-05-17 23:52 | Categoría: Relatos | 1 Comentarios | Enlace

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    Comentarios

    1
    De: Juvenal Fecha: 2003-05-19 04:30

    Un paseante contó que había visto una extraña especie de sonrisa en aquel rostro que caía. No está seguro de ello, pero desde entonces busca detrás de los azogues la huella de algo similar, ya sea en visajes o poses, porque la visión empieza a ocupar el tiempo existente entre el fianl de un minuto y el principio de otro. Y cuanto más camina menos olvida.



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