Primero (poema)
Quien llama a la pala, pala, merece que le den una
-Wilde dijo-;
por eso,
llamemos a la pala, madrugada,
llamemos a Nicanor, dios,
llamemos a Luis, arcángel de ojos negros,
y llamemos a estas líneas, poema.
O mejor,
llamemos al poema, delirio,
y al delirio, necesidad,
a la necesidad, justificación,
a las razones, caos.
Mezclémoslo todo,
añadamos dos golpes de lágrimas de cocodrilo,
sirvamos en copa de cocktail
y brindemos con Grant
-Cary, no Ulises-
por un presente
al que, quizás,
podríamos llamar imperfecto.