Vía
Bitacoras.org he llegado a un par de weblogs dignos, a mi modo de ver, de formar parte de un museo de los horrores bitacoril, si ello existiese. Sin duda me podrán acusar ustedes de elitista, de excluyente o de lo que les de la real gana, pero lo cierto es que no entiendo cómo alguien puede mantener un sitio cuyo único objetivo es el
insulto en lenguaje directo o cómo es posible que
otros dediquen parte de su tiempo a colgar imágenes en las que se describe paso por paso la manera de hacerse un te con un tampax, por ejemplo.
Estoy completamente seguro de que sus autores se sentirán provocadores, rompedores, puntas de lanza de colectivos emergentes que chocan contra la línea de flotación de esta cibersociedad tan aburrida y pagada de sí misma; estoy seguro de que se sentirán felices porque quizás crean que escandalizan al salirse de la norma. Lo cierto es que, personalmente, me parece una solemne idiotez ocupar espacio en la red para estas cosas, aunque bien es cierto que cada cual puede hacer lo que le venga en gana, siempre y cuando quede muy claro que es porque les viene en gana, y no porque quieran darme (darnos) una lección de modernidad y ruptura radical.