Adiós,
Marlon. ¡Qué lástima que te hayas muerto! Pero nos dejas un puñado de interpretaciones inolvidables: El Padrino, Fletcher Christian, el salvaje, un inconmensurable Marco Antonio, Zapata, el japonés ese de
La casa del té de la luna de agosto, el hampón de
Ellos y ellas, Kurtz,
La ley del silencio y
La jauría humana, y yo qué sé cuantos papeles más...
Algunos dicen ahora que has sido
el mejor actor de la historia; no sé si eso será cierto, pero lo que sí es real es el hecho de que cuando interpretabas un personaje conseguías fijar mi mirada en cada plano en el que aparecías. Marlon, me hiciste llorar por el asesinato de César ("este era un gran César..."), me hiciste odiar el rigor de la marina británica. Adiós, Brando.