Conversaciones
- Puede ser que estés equivocado -dijo ella con una sonrisa en los labios-. Puede ser que no dispongas de todos los datos.
- La verdad es que me cuesta trabajo creerlo, pero la información de la que dispongo es explícita, irrefutable, diría.
- No sé, muy a menudo pensamos que algo es irrefutable y, sin embargo, al paso del tiempo debemos asumir nuestro error. En este caso en concreto, me gustaría que estuvieses equivocado.
- Pero tendrás que reconocer que siempre tengo razón.
- Sí, ese es uno de tus grandes defectos, que siempre has creído que estabas en posesión de la verdad, y digo "creído" con todo el peso de la palabra.
- ¿Acaso me estás acusando de orgullo? ¿De soberbia?
Los ojos de él se empequeñecieron y los labios adoptaron un rictus de desagrado que llenó la sala de tensión. Ella mantenía su mirada porque estaba segura de lo que estaba haciendo, sabía que la conversación podría suponer el final de su relación porque él no aceptaba bien las críticas. De hecho, es posible que esa fuera su intención verdadera.
- Sólo te estoy diciendo que quizás no estés en lo cierto.
- De acuerdo, es posible que no maneje toda la información necesaria - contestó él-, pero con lo que sé me basta.
- A mí no, a mí no me basta con tu palabra, ya no. Hubo un tiempo en que sí, pero ayer me demostraste que tenías los pies de barro, como todos; me di cuenta de que no eras infalible. Ya no creo en tí.
- Entonces, ¿esto es el final?
- Eso parece.
Y es que hay muchas formas de romper con el pasado.