Llevo tiempo, mucho tiempo, sin escribir nada por aquí. Hasta hoy.
Esta tarde he acompañado a mis caboclitas a clase de música y, mientras esperaba que terminase la clase, me he acercado a un bar a tomar una manzanillita, que uno ya está para infusiones y poco más. Para mi desgracia, en el bar de la condenada manzanilla tenía el
ABC en su edición sevillana -
casi ná- y el aquí presente, que es de la tierra, no ha podido resistir la tentación de leerlo un rato por el aquel de las noticias provincianas, las esquelas mortuorias -gran tradición por estos lares- y otras informaciones absolutamente indispensables para poder sobrevivir.
Lo cierto es que hace unos años mi médico de cabecera me prohibió terminantemente semejantes lecturas porque mi tensión arterial podría no soportar ciertas cosas escritas de cierta manera... Bueno, mejor decir, escritas a la manera del ABC, que es una manera muy concreta y conservadora -en formol- de escribir. Hoy me he saltado la recomendación médica y todo iba relativamente bien mientras leía la postura del periódico sobre el informe de los expertos esos que han escrito sobre cómo arreglar lo de la tele. Una palpitación -horror- me vino al cuello al leer la postura editorial en relación al referendum del domingo. Definitivamente me puse enfermo de necesidad al enfrentarme a
la columna de Jaime Capmany. Merece párrafo aparte, válgame Dios.
"El pucherazo", la ha titulado. En ella, el venerable ¿periodista? sugiere -más bien afirma- que en las votaciones del otro día se produjo un auténtico pucherazo por parte del gobierno para maquillar la escasa participación y hacerla rebasar la cota psicológica del 40 por ciento. Y se queda el tío tan ancho. No da un argumento, ni una prueba, solamente su palabra ¿de dios? Lo dice Capmany, es ley verdadera. Lo dramático de esto es que muchas personas que conozco bien porque me son muy allegadas, me dirán que ciertamente el Gobierno ha falseado los datos de participación para esconder su fracaso. Y me lo dirán y argumentarán basándose en que lo han leído en "la prensa", aunque dicha prensa no demuestre ni aporte el más mínimo dato que justifique las afirmaciones. Esta es la ley del "aquí vale todo" para conseguir determinados fines. Esta es la ley de los que tienen la posibilidad de hacer llegar sus palabras y sus opiniones a un buen número de ciudadanos. Lo digo porque puedo decirlo, no porque tenga la más mínima razón para escribirlo, debió pensar el colaborador de ABC. Periodismo del bueno, sí señor.
Como habrán comprobado, mi médico tenía razón: debo seleccionar más y mejor mis lecturas. Y también debo no volver a leer a Jaime Capmany. Prometido.