Esta madrugada próxima se entregan los Oscar de Hollywood y por esta tierra nuestra parece que corre la certeza de que
"Mar adentro" acabará conquistando el premio a la mejor película de habla no inglesa. Bueno, es posible.
Sin embargo no hay que olvidarse de la dura competencia que tiene Amenábar. Por un lado la sentimental y llena de buenas intenciones
"Los chicos del coro". A mí, personalmente, me encantó porque también me gustan las películas que me hacen reconciliarme con el género humano, que hace mucha falta, ¡voto a bríos!
Y después está la alemana
"El hundimiento". Impresionante porque te hace pensar, y te hace pensar porque presenta a sus personajes como seres humanos cuando el cine, habitualmente, ha presentado a Hitler y sus secuaces como monigotes malvados. He de decir que el personaje de Hitler me hizo sentir lástima, auténtica lástima. Un hombre que ha perdido ya todo lo que importaba en su vida, un grupo de militarotes fracasados, una mujer que mata a sus hijos porque no quiere que habiten el mundo que vendrá después del Reich, un Goebbels silencioso ante los acontecimientos históricos y ante el fin de su propia familia.
Que nadie crea que la película es una justificación del nazismo. Yo no la he entendido así, al menos. Más bien creo que se trata de un filme que nos dice como los seres humanos somos los autores de nuestras propias barbaries; más bien pienso que se trata de una historia que dice a los alemanes -a todo el mundo- que el horror de la II Guerra Mundial -que cualquier horror- no hay que achacárselo a un grupo de seres de "otro mundo", alejados de nosotros, la gente corriente. Nos dice que ese horror fue causado, precisamente, por gente como nosotros.