
Llego a casa y mi Caboclita mayor me dice que su amigo Javi ha empezado a convertirse en el
Increíble Hulk porque se le ha ido poniendo la mano verde durante el recreo.
- ¿Me pones más patatas fritas, papito?
Mientras le sirvo más patatas le voy preguntando cosillas sobre la cuestión, no vaya a ser que el tal Javi tenga una gangrena galopante, un trombo circulante y difuso o cualquier otra animalada de esas que se me ocurren cuando me pongo estupendo estupendísimo.
El caso es que, por mucho que lo intento, no consigo obtener más datos sobre el caso de metamorfosis, y a lo único que conseguimos llegar es a la preocupación de mi dulce hijita por el futuro del muchacho:
- Y además, si el lunes ha cambiado de color del todo, el director lo va a expulsar del colegio.
Aquí es donde entra en juego mi Cabocla, miembro de pleno derecho de la asociación sin ánimo de lucro "mamás por la toleracia y la integración".
- ¡Cómo va a ser eso! No se expulsa a nadie por culpa de su color.
Y es que no hay que desaprovechar la más mínima oportunidad. Suscribo.