Tengo que reconocer que me apasiona la
Semana Santa de Sevilla y que he leído algo sobre ella, en especial sobre la historia de las distintas hermandades, sus procesos de fundación y la posible significación de los mismos. Aunque existen bastantes libros, como el de
Isidoro Moreno, que abordan el espectáculo desde un punto de vista antropológico o puramente histórico, lo cierto es que la mayoría de la literatura que existe sobre el tema se deja caer en un folklorismo provinciano evidente o un sentimentalismo religioso de lo más rancio.
Bueno, el caso es que quería comentar alguna cosilla sobre la relación entre la Guerra Civil y la Semana Santa. En Sevilla existe una hermandad, la de La Paz, que fue
fundada en 1939 por excombatientes. Los nombres que recibieron sus titulares fueron los de María Santísima de la Paz y Nuestro Padre Jesús de la Victoria, lo que hace evidente que la fundación de esta hermandad no tuvo nada que ver con un deseo de reconciliación entre bandos, sino más bien con el ejercicio orgulloso del bando vencedor contra las
hordas rojas y ateas, y que esa Paz a la que alude el nombre de la Virgen no fue sino una paz impuesta, una paz del vencedor. Algo similar me consta que sucedió en otros lugares de España, lo cual, por otra parte, parece explicable.
También la
Hermandad de la Estrella tiene alguna relación, si no con la Guerra Civil, sí con los años inmediatamente anteriores y posteriores. El caso es que durante la II República, según cuenta en su libro sobre la Semana Santa sevillana Isidoro Moreno, se produjo un plante de las hermandades sevillanas contra el gobierno repúblicano y estas se negaron a realizar sus salidas procesionales. Todas menos la Estrella; motivo por el cual, durante un tiempo, se conoció a esta cofradía como
La republicana. Al terminar la Guerra, lógicamente, los nuevos tiempos que corrían por acá impidieron seguir utilizando ese sobrenombre, por lo que comenzó a llamársela
La valiente; pero también se hizo necesario justificar nuevamente el sobrenombre, de manera que se instauró el nuevo mito de ser una hermandad que se arriesgaba a salir a la calle incluso en días de lluvia. La historia fue reescrita porque la nueva sociedad dominante salida de la Guerra no podía tolerar la vinculación de una de sus cofradías con algo que se consideraba demoníaco y contrario a todos los principios religiosos defendidos por el nacional-catolicismo.
Despues de más de 60 años las memorias se van borrando, como es el caso del sobrenombre de La Estrella, y cuando no se puede, porque el nombre de los títulares -caso de La Paz- sigue aporreando las conciencias, se intenta justificar, reescribiendo nuevamente la historia: el pasado Domingo de Ramos escuché en la
radio una reseña histórica de la Hermandad de La Paz en la que se decía que fue fundada al término de la
Guerra incivil "por excombatientes de ambos bandos en un perfecto y grandioso ejemplo de cómo el sentir cofrade puede ser capaz de unir bandos aparentemente irreconciliables". Otro ejemplo de reescritura histórica que busca acallar conciencias, supongo.