Cuando no se tiene nada sobre lo que escribir, o da pereza meterse en aguas pantanosas, recurre uno a sí mismo.
¡Ya llevo dos años en
Blogalia!
Fue un 22 de abril de 2003 cuando publiqué mi primera historia en esta casa después de una breve pero intensa experiencia en
Blogger durante tres mesecitos.
En estos dos años he ido escribiendo de manera periódica sobre literatura, cine, educación, mi familia y yo, otra vez yo, sobre cosas que no son ciertas pero me hubiese gustado que lo fueran y sobre otras que sí lo son, aunque sin duda el mundo hubiese ganado con su falsedad. He descubierto compañeros de edificio interesantísimos, pero también otros que no lo son tanto. He trasteado con las plantillas y he aprendido a manejarme con las bitácoras. He pasado crisis y periodos de escritura compulsiva. He recibido comentarios cuando no los esperaba y, sin embargo, nadie comentó en algunas ocasiones en que creí iba a reventar la máquina.
En todo este tiempo, no he tenido la suerte de que
Borjamari se fijase en mis páginas y me destrozara la escasa autoestima que aún me queda, pero no pierdo la esperanza; aunque, la verdad, el tal Borja ya no es sombra de lo que un día fue, o eso me parece a mí, claro está.
A mi alrededor han proliferado los weblogs, las herramientas de publicación, las comunidades, las noticias sobre esta parcela de la web, las herramientas complementarias. Algunos clásicos del
blogging han manifestado su preocupación, mientras que otros asumen el
boom, quizás con la certeza de que es mejor esperar tranquilamente el paso del entierro del enemigo o planeando a la callada la migración hacia algún rincón de la Red en el que reencontrase con los de siempre sin peligro de contagio del populacho recién llegado. La blogosfera, sin duda, se me antoja hoy algo diferente a lo que era hace dos años: ahora ha crecido, es inabarcable, proliferan los blogs abandonados -aunque siempre fue así- o aquellos utilizados más como páginas personales o como foros o como mesas para trabajo colaborativo, que como auténticas bitácoras canónicas. Es normal: el concepto técnico es tan versátil que da juego para hacer un uso muy variopinto de él. Yo mismo empleo el medio con diferentes intenciones en diferentes bitácoras. Es lo que hay y es lo que debe ser.
En fin, que llevo dos años en esto de los weblogs -lo que es mucho, si tenemos en cuenta la relatividad del tiempo en este mundillo- y
Las letras y las cosas sigue siendo un lugar desconocido, como no puede ser de otra forma, salvo para unas pocas personas que suelen pasarse por aquí de manera habitual. A ellos, gracias.