Pues ese soy yo: el Caboclo Capiroba. La verdad es que no lo soy. El caboclo es un personaje de una novela que me gusta bastante. No he elegido su nombre porque me identifique con él -no suelo comer carne de holandés muy a menudo-, sino porque me gusta. Así de simple.
Un día escribí
una nota en mi antiguo blog sobre Capiroba. En ella hablaba sobre el personaje e introducía una serie de direcciones electrónicas de interés para saber más de la novela de Joao Ubaldo Ribeiro. He buscado por la red alguna foto o dibujo de caboclos, pero no he encontrado ninguno -si encuentras alguno, no dudes en
enviarme la dirección-, así que habrá que imaginarse su apariencia, lo que suele ser bastante más satisfactorio.
Otra cuestión que puede ser interesante es la de por qué no firmo el web con mi nombre. Hay varias razones: el pudor, en última instancia, es la más determinante, aunque no la única. Escondido bajo un nombre supuesto puedo jugar a lo que no me atrevería a teclado descubierto. ¿Quiere decir eso que me avergüenzo del contenido de esta página? No necesariamente. O tal vez sí.
El problema de estos juegos de escondidas es que acaban cansando al que los inicia y llega un momento en que prefiere presentarse en su verdadera apariencia. Supongo que si alguien que me conozca llega a este sitio -lo cual parece improbable, dado el número de páginas que que están colgadas en la red- no tendría ningún problema en identificar al Caboclo conmigo. Para los que no me conocen de nada, en cambio, daré algunas pistas:
a) Nacido en los 60, como se puede adivinar perfectamente a partir de la lectura de la nota sobre
las generaciones y de la dedicada a
la radio.
b) Me dedico a dar clases, cosa que creo que queda patente gracias a dos hechos: soy un triste de la vida (lean ustedes
La profundidad de los raíles y después me cuentan) y no puedo evitar un cierto tono entre didáctico y moralizador (creo que
Tomando café lo ejemplifica perfectamente).
c) Parece obvio que las clases que doy son de literatura y cuestiones por el estilo, o si no lo creen, dense una vuelta por
Al parecer llueve siempre en Santiago de Chile.
Por si no le basta al curioso navegante, puede visualizar
una imagen de este caboclo o bien, del mismo
Capiroba y algunos de sus amigos.
Estas son las pistas que hasta el momento pueden encontrarse por aquí sobre la secreta identidad de Capiroba. Espero que no sean suficientes.