Malos tiempos para la épica
Ayer volvieron a casa los primeros héroes del aire y de la mar océana. La gente los recibía con gritos y banderitas de barras y estrellas. Sus actos, sin duda, lo merecían: lanzar misiles desde varios miles de kilómetros de distancia sobre Mesopotamia, entablar desigual batalla con las aves para arrojar el vómito de fuego sobre la ciudad. Ayer comenzaron a regresar los héroes, y una mujer besaba a su marinero en el puerto, mientras otra mujer u otro hombre, en otro lugar, continuaba llorando de dolor y de rabia.