Mi disco C ha muerto
Me han confirmado la noticia esta tarde a primera hora: irrecuperable, me dicen; bueno, dificílmente recuperable, matizan cuando comprueban cómo se me rompe la voz y estoy a punto de estallar en lágrimas. Yo tenía un disco C entre todos el mejor, se me ocurre tararear. Al rato consigo pensar con una cierta frialdad que, al fin y al cabo, no he perdido tanto. Para desahogarme listo aquello de lo que me acuerdo:
- La fotos de las caboclitas en Semana Santa y Feria de este año.
- El temario de Literatura Universal.
- Unas guías para el comentario de texto.
- Unos textos comentados.
- Una base de datos con 153 películas.
- Una colección de carteles de cine (alrededor de 200 carteles)
- Colección de fotogramas de películas de las que me gustan (no sé cuantos).
- Colección de imágenes de pinturas y escultura (bastantes, bastantes).
- Las colaboraciones para el número de julio de la revista electrónica que edito.
- Material para la confección del artículo definitivo (juajuja) sobre el uso del material cinematográfico en la novela de Eduardo Mendicutti Una mala noche la tiene cualquiera (me iba a poner a redactarlo ya mismo).
- Material para la confección de un artículo en colaboración con cierta persona (lo siento, tío, lo perdí) sobre accesibilidad electrónica al texto literario (iba a ser algo tremendo y rompedor que nos catapultaría hacia el estrellato humanístico-tecnológico).
- La página web completita de cierto grupo de investigación.
- Mi página web completita.
- Los textos que voy metiendo en aquesta bitácora y en otras que penden por ahí.
- Las cosas que escribo cuando me creo que soy escritor (completamente prescindibles, lo sé, pero me hacían feliz).
- Mi bliblioteca electrónica completita (y era profunda, a fe mía).
- Artículos, textos, ensayos y material diverso recopilado por la web sobre hipertexto, literatura electrónica, bitácoras y demás cuestiones conectadas (hipertextualmente, por supuesto).
- Los exámenes de este curso.
- Alguna que otra actividad propuesta a lo largo de este curso.
- Música (mucha).
- Películas (tres, si no recuerdo mal).
- Softaware (algunas programillas que es una lata volver a descargar, la verdad).
- Basuras variadas de las que gusta tener en el ordenador.
Y este punto decidí dejar de recordar porque a cada nueva cosa que aparecía por mi cabeza, mi corazón sufriente respondía con un apretón mientras una lágrima resbalaba por mi mejilla hasta confundirse en el mar de llanto en que se ha convertido mi casa. Ahora no sé qué hacer, no quiero tomar la decisión obvia y única, al parecer, de eutanasiar mi disco; no me resisto a creer que no pueda rescatar mis datos (están ahí, lo sé, ocupan la mitad del mismo aunque no pueda ver los archivos), no quiero aceptar su muerte. No sé, lo que me apetece es conservarlo por si en un fúturo algún tipo de software pudiese devolverlo a la vida, aunque, si eso fuese posible, ¿tendrían sentido esos datos del pasado? ¿habría algún hueco para ellos en mi nuevo corazón?